Comencemos con una analogía.
Imagina que te encargan organizar una cena y escribir un discurso para convencer a 100 personas de realizar donaciones para una ONG que necesita fondos.
Después de pensar varias alternativas, se te ocurre preparar enchiladas de mole y para beber ofreces refresco de cola, tomaste esta decisión porque sabes que es lo que más le gusta comer a tu familia y amigos, por lo que piensas que también será del agrado de los invitados. Respecto al discurso, tomaste inspiración de diferentes eventos similares que encontraste en YouTube y otras redes sociales.
Al terminar la cena, la mayoría de los invitados negaron su donativo, sólo 5 invitados realizaron donativos, sin embargo, las cantidades no eran lo que se esperaba.
¿Qué ocurrió aquí?
Al preguntar a los invitados el motivo de su decisión, todos argumentaron que la cena no fue de su agrado y que el discurso no fue convincente.
Esto sucedió porque no se tomaron en cuenta los gustos de los invitados respecto a la comida, así cómo tampoco se escribió un discurso que fuera acorde a la personalidad o manera de pensar de cada uno de ellos.
La realidad del marketing.
El ejemplo anterior retrata la realidad de muchas empresas en el mundo, basan sus acciones de mercadeo en experiencias personales y en el modo de vida de sus círculos sociales inmediatos, haciendo que sus estrategias implementadas no den el resultado esperado.
Es aquí donde entra la mercadotecnia o marketing, realizando estudios de mercado, analizando al público objetivo y desarrollando estrategias enfocadas en el cliente potencial, hablando su idioma, dándole un discurso diseñado específicamente para él.
La solución.
Antes de implementar cualquier estrategia, trata de ponerte en el lugar de tu prospecto, piensa en cómo te gustaría que te hablaran o qué información sería relevante para que tomes la decisión de compra.
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